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Viñateros desalientan la producción de vino sin alcohol

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Mientras el Instituto Nacional de Vitivinicultura avanza en su postura de promover la producción en Argentina de vinos de baja graduación o sin alcohol, para ganar nichos de consumo, surgió en los últimos días una fuerte movida de viñateros que se oponen a la propuesta. Productores sanjuaninos, mendocinos y salteños -que están insertos en la Mesa Nacional Vitivinícola- salieron a poner reparos a esta iniciativa, aduciendo en algunos casos, que puede provocar maniobras de licuación de vinos que van contra el stock, y en otros, que atenta contra la Ley de Vinos y no están dispuestos a modificarla. Esta norma establece que el vino es el resultado de la fermentación de uvas, lo cual inevitablemente produce alcohol. «En todo caso, no estamos en contra de que se haga ese producto, pero que no se llame vino», dice Juan José Ramos, presidente de la Asociación de Viñateros Independientes de San Juan. «Nosotros pensamos que el vino desalcoholizado no es vino, puede ser jugo o cualquier otra cosa. Conforme a la Ley de Vinos no existe sin grado alcohólico», afirmó tajante Miguel Angel Lovaglio, presidente de la Cooperativa Vitivinícola Agropecuaria en Salta. Si acepta hacer vino de menor graduación para complacer a la gente joven o competir con la cerveza, «en tanto haya una cadena de valor regulando el precio al productor por encima de los costos».

En sintonía, Eduardo Garcés, desde la Federación de Viñateros, comparó el vino con el auto que debe tener cuatro ruedas: «si tiene tres, no es un auto; sin alcohol, no es vino», dijo y aseguró que el 99% de los viñateros están en desacuerdo con la iniciativa. Los reparos se repiten también en Mendoza. Gabriela Lizana, titular de la Asociación de Productores del Oasis del Este (Aproem) opinó que es «interesante» lo que se pueda hacer para crecer en el mercado siempre que no sea en detrimento de los productores y que no implique modificación de la ley de vinos. «La industria vitivinícola es muy especulativa, siempre en favor de los grandes; y está idea nos preocupa, puede afectar la situación ya de por sí crítica del productor de uva. Si es necesario cambiar la ley de vinos, no estamos de acuerdo», aseguró. Pablo Martín, desde la Mesa Viticola dijo que no debería llamarse vino, porque no se rige por la ley de vinos que adhiere a las normativas de la OIV. «Sí se podría generar un producto de baja graduación o nula graduación, pero teniendo la total certeza de que su origen sea la uva y exista un método de fiscalización bastante exigente y minucioso para alejar dudas», dijo.

Al respecto, varios viñateros alegaron el temor de que con la excusa de bajar la graduación, se provoque «licuación» de vinos agregando agua, o aguas vegetales (del mosto o de tomates) que dicen que no son detectadas por los análisis del INV. «Se pueden diluir los vinos de 12 o 13 grados, a 7 grados, y sacar un montón de vino, justo este año en que no quedan stocks y habrá menos», dijo Ramos, explicando que el temor es que la industria apele a una maniobra ilegal para incrementar los stocks, y que el INV no pueda detectarlo. «En todo caso, se debería cosechar uva temprana para obtener un vino de menor graduación», propuso. «Eso es un peligro latente, le tememos a la dilución con aguas naturales o vegetales», coincidió Eduardo Garcés. Mauro Sosa, director Ejecutivo del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, sostuvo que es razonable aumentar las ventas en un mercado cada vez más chico, produciendo estos vinos, pero advirtió que sólo tras haberse completado el proceso de vinificación, sin alterar la legislación vigente, y que el INV acompañe en el proceso de fiscalización y control de volúmenes. Al respecto, Patricia Ortiz, presidente de Bodegas de Argentina, dijo que en la Mesa «no hay una posición única, sino distintas posturas». Admitió que la baja del alcohol se puede hacer por ósmosis, con agua vegetal o evaporando el alcohol, «pero para eso hay que cambiar la ley de vinos» y opinó que «hay una tendencia mundial y Argentina no se puede quedar afuera».

El presidente del Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) se ha erigido en el principal impulsor de la elaboración de vino desalcoholizado. Hace poco, en una visita que hizo a San Juan el pasado 18 de marzo, Martín Hinojosa dijo que la idea no es una ocurrencia suya sino que hay una tendencia en el mundo y también en la Argentina de consumir cada vez con menor graduación alcohólica todas las bebidas. Incluso, indicó que hay beneficios impositivos cuando se ingresa a algunos países con menor graduación alcohólica. Hinojosa dijo que esto no quiere decir que hay que dejar de lado la elaboración de vinos tradicionales, sino que hay que escuchar a determinados consumidores para ese tipo de vino. Por ejemplo mencionó la India, que tiene 1500 millones de habitantes y todo el potencial mercado musulmán que no toma alcohol. Mencionó que así como ya se elabora cerveza sin alcohol, café descafeinado y leche deslactosada, la industria vitivinícola argentina también debe permitirse hacer vino desalcholizado para ganar más mercados. Agregó que el INV tiene previsto visitar países donde está desarrollado, cuando lo permita la pandemia.

Fuente: Diario de Cuyo